La Princesa de Boquerón: Cómo el pueblo Nivaclé logró 30.000 kilos de poroto manejando su propio presupuesto

En el corazón de la zona de Pirizal, a unos 160 kilómetros al sur de la capital departamental, la comunidad Nivaclé La Princesa (también conocida como Campo Princesa) continúa consolidando su desarrollo a base de autogestión, producción agrícola y proyectos comunitarios.

En una reciente entrevista con la radio ZP-30, el líder comunitario, Martín Brites, ofreció un detallado balance sobre los logros alcanzados este año.

Uno de los hitos más importantes para la comunidad ha sido la culminación de la primera etapa del proyecto habitacional, con la entrega oficial de 50 viviendas. No obstante, el camino no estuvo exento de dificultades. Los trabajos, que iniciaron en julio del año pasado, concluyeron recién en abril de este año, duplicando el plazo inicial de cuatro meses.

«Por la distancia no es fácil; se perdía mucho tiempo por los materiales que venían de lejos. Además, tuvimos serios problemas con los constantes cortes de la energía eléctrica», explicó Brites.

El panorama habitacional, sin embargo, sigue siendo crítico. La Princesa ha experimentado un notable crecimiento demográfico y hoy ya alberga a más de 450 familias. La falta de espacio ha provocado que en muchas de las residencias actuales cohabiten entre ocho y diez personas, afectando principalmente a los jóvenes recién casados. Ante esta situación, el liderazgo ya ha completado todos los requisitos y trámites burocráticos ante el Ministerio correspondiente para la aprobación de una segunda etapa de 50 viviendas adicionales, quedando ahora a expensas de la liberación del presupuesto gubernamental.

Éxito agrícola y la apuesta por la rotación de cultivos

En el plano económico, el balance es altamente positivo para el sector productivo de La Princesa. Este año se reportó una cosecha exitosa de 30.000 kilos de poroto, comercializados a un excelente precio de 10.000 guaraníes por kilo, consolidándose como el principal motor de renta actual.

Asimismo, la comunidad sembró 30 hectáreas de maíz, implementando técnicas de rotación de cultivos para garantizar la sostenibilidad y el rendimiento de la tierra a largo plazo. En contraste, el sésamo —otro de los rubros tradicionales de renta— quedó en segundo plano este año debido a los bajos precios del mercado.

Paralelamente, se fomenta la soberanía alimentaria a través de la preparación de suelo para huertas familiares, donde cada hogar produce rubros de autoconsumo como mandioca, batata, sandía y zapallo.

Un aspecto destacado por el líder es el uso de un presupuesto anual propio generado por la comunidad. Esta herramienta de autogestión financiera surge ante la imposibilidad de que las instituciones públicas, como la Gobernación o la Municipalidad, cubran las demandas de todas las localidades de la región.

El fondo propio se destina principalmente al mantenimiento de la red de agua potable (reparación de cañerías) y a la inversión en mano de obra local. «Hacemos un gran esfuerzo con nuestro presupuesto para dar trabajo a nuestra gente, para que tengan un ingreso para sus familias y no tengan que salir afuera», enfatizó el líder Nivaclé.

Respecto al suministro de agua, la comunidad cuenta con un pozo perforado que abastece de forma eficiente con conexiones domiciliarias a todas las viviendas, aunque el sistema sigue siendo vulnerable a la inestabilidad de la red eléctrica que apaga las bombas de extracción.

Proyectos a futuro e integración regional

Con un territorio de 4.000 hectáreas, La Princesa ya proyecta su expansión productiva mediante el programa PROFINCAS, un proyecto financiado por el Fundación Indígena para el Desarrollo Agropecuario (FIDA). En una primera fase, unas 20 familias se verán beneficiadas con apoyo para el cercado y alambrado de parcelas individuales.

Finalmente, Brites destacó la importancia del deporte como eje de cohesión social a través del torneo de integración «Medio Pilcomayo», un campeonato de fútbol donde La Princesa compite activamente junto a las comunidades vecinas de Golondrina, Quenjacloi y Yischinachat, fortaleciendo los lazos culturales de los pueblos de la zona.

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