Este domingo 26 de abril se conmemora el Día de la Familia, establecido por ley 5425/2015. Una ocasión perfecta para desconectarnos y reconectarnos, la familia con un significado profundo que trasciende las paredes de una casa. Mas que una reunión familiar, las comidas del fin de semana, el tereré compartido en ronda. La familia representa esa red de apoyo incondicional que nos sostiene en los momentos más complicados y difíciles de la vida.

Celebrar el Día de la Familia es ante todo reconocer que más allá de los lazos de sangre, lo que nos define como familia es el amor, el respeto y la gratitud que nos tenemos los unos con los otros.
En un mundo cada vez más acelerado y digitalizado, el desafío de estar presentes se vuelve cada vez más difícil. No basta con vivir bajo el mismo techo, compartir el almuerzo, la cena, necesitamos estar presentes unos con otros. El objetivo no es simplemente acumular bienes materiales, sino más bien dejar un legado de fe. La palabra de Dios.
“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa…” — Deuteronomio 6:6-7
La palabra de Dios nos otorga fortaleza como familia, nos otorga la unión familiar nos instruye en el amor, el perdón, la reconciliación y nos recuerda que ningún miembro de nuestra familia es perfecto.
Un hogar donde Cristo está presente no es un hogar sin problemas, sino uno en el que los problemas se afrontan con esperanza y el amor de Dios nos mantiene unidos a todos los miembros de la familia.
