
A menudo, nos enseñan que ser fuertes significa no mostrar debilidad, no dudar, no tener miedo. La mujer de fe es sin duda segura y firme, no tiene ninguna grieta en su corazón. Pero la Palabra de Dios nos cuenta historias muy distintas, ya que las mujeres que marcaron los relatos de la fe no eran mujeres sin miedo, sino mujeres que asustadas, tomaron la mano de Dios y siguieron caminando.
La fe no es la ausencia de miedo, es la valentía de dar un paso más aunque el corazón tiemble. Es saber que no caminamos solos e incluso cuando sentimos que las fuerzas se agotan y que ya no podemos seguir adelante por nuestros propios medios.
«Me basta tu gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.» 2 Corintios 12:9
Mujeres que avanzaron con temor
Ester tuvo que presentarse ante el rey, consciente de que podía perder la vida. El miedo la invadió, y su corazón debió latir con fuerza; sin embargo, ayunó, oró y dijo: Si perezco, que perezca. No porque no tuviera miedo, sino porque confió en que Dios estaba con ella.
Rut se quedó viuda, extranjera, sin recursos y sin saber qué le esperaba. Caminó hacia un pueblo que no era el suyo con una suegra que también estaba sufriendo. El miedo al futuro y a la soledad y la escasez debió de acompañarla. Pero en lugar de detenerse confió en que el Dios de Noemí sería también su Dios.
María, que aún era muy joven, recibió un anuncio que cambiaría toda su vida, dando un giro inesperado y profundo que marcaría su futuro de manera significativa. ¿Cómo será esto? preguntó. Había dudas y temores y no entendía todo lo que venía, pero sin dudarlo, dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra.
Todas esta mujeres sintieron temor. Ninguna caminó sola y Dios sostuvo cada uno de sus pasos.
Dios no quiere que seas una persona inflexible, sino que te pide que seas honesto en cada situación. Es importante reconocer que sentir miedo no significa perder la fe, sino que por el contrario, representa el inicio de una nueva etapa de confianza genuina, lo cual es fundamental para seguir adelante y enfrentar cualquier desafío que se presente en el camino. Al expresar nuestros temores, reconocemos que no podemos hacerlo todo por nuestra cuenta y que en cambio se abre la puerta a la intervención divina en aquellas áreas donde nos vemos limitados.
