La Obediencia trae bendición.

Obedecer a Dios es el compromiso de alinear nuestra vida con la voluntad de Dios. La obediencia se pone en evidencia cuando estamos pasando por dificultades y tomamos la determinación de hacer las cosas como Dios nos pide en su Palabra y no como nosotros pensamos. 1 Reyes 2:3 Cumple los requisitos del SEÑOR tu Dios y sigue todos sus caminos. Obedece los decretos, los mandatos, las ordenanzas y las leyes que están escritos en la ley de Moisés, para que tengas éxito en todo lo que hagas y dondequiera que vayas.

La obediencia empieza con actos de fe tan sencillos como buscar cada día la comunión con nuestro Padre, orar con una intención sincera, estudiar su Palabra, compartir el evangelio a los que nos rodean, etc. Esta fe sencilla con el tiempo puede transformarse en una fe dinámica que manifieste el poder de Dios a otros, cuando surjan los grandes desafíos, porque nos hará crecer en amor, gracia, fortaleza y conocimiento, para que otras personas sean bendecidas por Dios a través de nosotros.

Nuestra obediencia es la mejor ofrenda de amor que podemos darle a nuestro amado Señor. Entonces, cuando se nos dice que hagamos lo que Jesús nos dice, ya estaremos dispuestos a obedecer sin reparos.

Elegir de todo corazón obedecer a Dios, desata bendiciones. Esas bendiciones alcanzan al mundo que nos rodea y a las personas que amamos. La obediencia genuina a Dios resulta en bendiciones, porque andar dentro de la voluntad de Dios es, y siempre será, la mejor elección.

Juan 14:21 Los que aceptan mis mandamientos y los obedecen son los que me aman. Y, porque me aman a mí, mi Padre los amará a ellos. Y yo los amaré y me daré a conocer a cada uno de ellos.

Vivimos en obediencia cuando permitimos que Dios reine en nuestros corazones. Esa llenura del Señor nos da confianza de que andamos guiados por él, obedeciendo y haciendo siempre lo que le agrada. Quien obedece a Dios también recibe respuesta a sus oraciones. ¿Por qué? Porque pide conforme a la voluntad de Dios.

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