En un mundo que constantemente nos hace sentir insatisfechos, nos preguntamos qué es lo que realmente necesitamos. Si tuvieras esa casa, si ganarás más dinero o si tu situación cambiará, sería feliz. Sin embargo, la Biblia nos insta a una transformación interna.

El contentamiento: es una disposición interna de paz y satisfacción plena, independiente de las circunstancias externas. Es una virtud que se aprende a cultivar, basada en la confianza y la gratitud por el presente.
El apóstol Pablo escribió unas palabras asombrosas mientras estaba en una celda y con un futuro incierto. Él no se encontraba en la mejor situación.
«Sé lo que es vivir en la pobreza, y sé lo que es tener abundancia. He aprendido el secreto de estar contento en cualquier situación, sea bien alimentado o con hambre, teniendo mucho o teniendo poco.» Filipenses 4:12 (NVI)
«He aprendido». Pablo descubrió que su gozo no dependía de la comodidad de su entorno, su gozo dependía de la firmeza de su fe. Esa fortaleza no era terrenal, sino que había sido otorgada por Dios. ¡Esa confianza en Dios fue en tiempos de escasez como en tiempos de abundancia!
Tres claves para cultivar el contentamiento.
Cambiar el enfoque: Para estar feliz, no basta con darse cuenta de lo que no tenemos, también tenemos que valorar lo que sí tenemos. Es muy importante no quejarse, cuando practicamos la gratitud intencional, somos conscientes de las bendiciones que nos rodean y que habíamos dejado de apreciar.
Confiemos en la soberanía de Dios: Confiar en Dios en cualquier situación es la mejor decisión que podemos tomar, ya que Dios sabe lo que necesitamos y nos proveerá en el momento adecuado, independientemente a lo que podamos enfrentar.
El contentamiento nos libera de la pesada carga de la comparación: Si dejamos de mirar el césped del vecino para ver si es más verde, empezamos a disfrutar del jardín que Dios nos ha encomendado. A menudo, la comparación puede resultar desagradable en cualquier situación.
El contentamiento no es la ausencia de deseos. Si no la sabiduría de disfrutar de lo que ya se tiene, mientras se trabaja por lo que se anhela.
