Servir es una expresión de obediencia. Dios no nos llama solo a creer en Él, sino también a poner nuestra fe en acción, sirviéndole con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma. Servir no es una opción, es parte de la obediencia que agrada a Dios. El primero que nos dio ejemplo fue Jesús, quien dijo: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir”. Él, siendo Señor de todo, se humilló para mostrarnos que el verdadero amor se demuestra en el servicio. Así espera el Señor que vivamos: obedeciendo con un corazón dispuesto a servir, no por obligación, sino por amor.

San Juan 12:26 dice: Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará. Servir a Dios es un privilegio. Cuando servimos a Dios, le expresamos nuestro amor y nuestro agradecimiento por habernos salvado y perdonado. El servicio a Dios es una forma de adoración. Sirviendo a Dios y a nuestros hermanos, mostramos nuestra gratitud por todo lo que Dios nos ha dado.
En el pasaje de Juan, el Señor está invitándonos a ser sus siervos. Qué privilegio es poder hacer cualquier tarea para Jesús. Sin embargo, en los tiempos que corren, pocas aceptan y valoran esta invitación. Hoy se persigue con más empeño ser servido que servir, olvidando el ejemplo que nos dio el Señor que se despojó voluntariamente de su gloria y se hizo siervo, humillándose a sí mismo por amor a nosotros.
El Señor ha planeado para cada uno de sus hijos diferentes oportunidades para servir a otros. Y no solo hizo un plan, sino que junto con el plan vienen los recursos. Nadie puede decir que no es apto para servir al Señor, porque en realidad no se trata de lo que nosotros podemos hacer, sino de lo que le dejamos hacer a Él a través de nosotros. El gozo es un fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22) y una «alegría calmada» que reside en nuestro interior, incluso en medio de las dificultades. Cuando servimos, encontramos que el gozo del Señor se convierte en nuestra fuerza, renovando nuestras energías y dándonos valor.
Cada uno ha recibido dones espirituales para servirse mutuamente y glorificar a Dios, ya sea orando por alguien, enseñando, o simplemente mostrando hospitalidad con los necesitados.
