Obra en blanco

Una obra de arte en blanco no tiene valor por sí mismo hasta que alguien decide intervenir en él. De la misma manera, nuestra vida adquiere verdadero sentido cuando permitimos que Dios actúe en ella.

Muchas veces queremos tomar el pincel por nuestra propia cuenta, trazar líneas apresuradas o corregir lo que no entendemos. Sin embargo, el artista ve más allá del momento presente; conoce el propósito final de cada trazo y de cada línea e incluso de aquellos que aparecen con errores. Dios es el artista con trazos perfectos, es el creador que da forma y que moldea la materia, da vida por medio de su matiz especial.  

Dios, como artista divino, da un aspecto diferente a la creación de una obra de arte, lo que significa que al concebir las transforma en una pieza maestra. El auténtico valor de lo plasmado no está en la perfección de la ilustración, sino en permitir que Dios sea el creador de nuestra existencia. En sus manos, incluso la obra en blanco puede convertirse en una pieza llena de sentido, propósito y perspectiva, lo que traduce en algo único y especial.

¿Qué implica, en términos concretos, una obra en blanco?

Cada día es una nueva pincelada: A veces son matices brillantes, llenos de alegría, gratitud y esperanza; otras veces son sombríos, marcados por el dolor, el error o el pecado. No obstante, al entregar nuestra confianza a la voluntad del Todopoderoso, estos matices neutros tienen el potencial de transformarse en una composición de mayor concordancia y equilibrio.

La Biblia nos recuerda que el Señor obra de forma nueva cada día, y así como un artista da vida a una obra con sus manos, Dios puede renovar y transformar nuestra vida con su amor.

Ahora bien, Jehová, tú eres nuestro Padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros. Isaías 64:8

Más entradas para ver en Devocionales